La revista Nature publica los resultados de 370 estudios realizados en los ecosistemas de 26 países (bosques, pastos y tierras de cultivo). Noticia original: argia.eus.
"Se trata de la primera evidencia cuantitativa precisa sobre la prevalencia y el impacto de pesticidas agrícolas en suelo europeo", explica el grupo de investigadores. La investigación ha contado con la participación de una docena de entidades coordinadas por el centro de investigación JRC y las universidades UHZ de Vigo (Galicia) y Suiza. Dicen que estas sustancias, que se utilizan masivamente en cultivos industriales intensivos, "tienen un efecto significativo sobre diversos organismos beneficiosos para la tierra". Por ejemplo, los hongos micorricicos, "que son importantes para nuestros cultivos", son especialmente dañados por los pesticidas.
En el informe publicado por Nature se mencionan frecuentemente los hongos en simbiosis con plantas debido a los beneficios que les ofrecen. "El fungicida Bixafen, utilizado para combatir hongos perjudiciales para los cultivos, es especialmente destacable porque afecta a muchos organismos de las tierras investigadas", dicen los científicos. La contaminación producida por pesticidas no sólo afecta a posibles plagas, sino también a organismos que benefician a la tierra, afectando de forma significativa a las comunidades vivientes de la tierra, fundamentales para el desarrollo de la vida. Entre los organismos afectados también se encuentran gusanos nematoda, fundamentales en el ciclo del nitrógeno y el fósforo.
Entre los plaguicidas, los fungicidas antihongos son los más utilizados (54% de los pesticidas encontrados en las mediciones realizadas). Los herbicidas suponen el 35% y los insecticidas el 11%. Entre los componentes activos encontrados predomina el glisofato. En los últimos años ha habido un gran debate sobre la toxicidad del glifosato, como podemos leer en Wikipedia. El organismo IARC, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, lo clasificó "probablemente entre sustancias cancerígenas", aunque varias agencias europeas han asegurado que no hay evidencias de que lo sea. Monsanto, por su parte, ha ocultado durante muchos años documentos internos que demuestran la toxicidad de la sustancia.
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