Estados Unidos ha puesto en marcha una de las intervenciones de restauración fluvial más ambiciosas de los últimos años en el centro del estado de Washington. Más de 6000 troncos están siendo colocados en arroyos remotos y de acceso extremadamente complicado, repartidos a lo largo de unos 38 kilómetros de ríos y cursos de agua que, en muchos casos, no pueden alcanzarse por tierra.
La operación requiere medios aéreos y una planificación milimétrica, pero el objetivo lo justifica: devolver a estos ríos parte de la complejidad natural que perdieron hace décadas.
La iniciativa forma parte de un programa diseñado para restaurar ecosistemas fluviales profundamente alterados por la acción humana. Durante buena parte del siglo XX, la gestión de los ríos se basó en una idea hoy superada: eliminar troncos y restos de madera para “ordenar” los cauces, facilitar el flujo del agua y mejorar el paso de los peces. El resultado fue justo el contrario. Los ríos se simplificaron, las aguas se calentaron, desaparecieron las pozas profundas y las poblaciones de salmones y otras especies comenzaron a desplomarse.
Más información