La generación de Naranjito aún recuerda que hubo un tiempo en que llevabas los cascos al súper y te devolvían dinero. No era mucho, pero incentivaba a los hogares a guardar primorosamente las botellas de refrescos, agua mineral o cerveza. Sabían que esos envases eran dinero. Luego llegaron los envases de plástico y las máquinas desaparecieron de los supermercados. Las ciudades se llenaron de contenedores amarillos, destinados a que depositemos allí nuestros envases domésticos de un solo uso de cartón, plástico o madera (las cajas de fresón, por ejemplo). Ecoembes se encarga de su reciclaje, pero ya no se percibe nada por las molestias de almacenarlos en casa y depositarlos en el contenedor. Y eso es un escollo para dinamizar el reciclaje. Po9rque cobrar por reciclar sí es posible y estimula la economía circular.
En otros países europeos, en cambio, si hay un reintegro monetario. Y eso dispara las tasas de reciclaje. Rumanía, sin ir más lejos, ha alcanzado un 94 % de reciclaje en un año con un principio simple: devolver dinero por reciclar. Cada envase vacío se convierte en ingreso. ¿Podría funcionar en España?
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