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24/3/2026 Noticias ambientales

1 millón de colillas pasan del suelo a las sillas: tardan 15 años en descomponerse y cada una salva 500 litros de agua

En los canales de Ámsterdam y en las aceras universitarias de Leiden, un enemigo diminuto, la colilla, supone un desafío constante para los equipos de limpieza. A pesar de su pequeño tamaño y su capacidad para camuflarse entre adoquines, las colillas son omnipresentes.

A nivel mundial, se desechan la asombrosa cifra de 4,5 billones de colillas cada año. No es una exageración: las colillas son el residuo más comúnmente encontrado en las campañas de limpieza de playas en Europa y en todo el mundo, un símbolo incómodo de nuestra cultura de usar y tirar.

El problema de las colillas va más allá de lo estético. Cada filtro está fabricado con acetato de celulosa, un tipo de plástico que puede tardar hasta una década en degradarse. Durante este tiempo, actúa como una cápsula tóxica, liberando nicotina, arsénico, plomo y miles de otros compuestos químicos, más de 7000, que pueden contaminar hasta 8 litros de agua por unidad. Lo que muchos creen que es algodón es, en realidad, plástico modificado que se fragmenta en microplásticos y se filtra en suelos y acuíferos.