1. Separarás los residuos según su tipo
El primer paso para reciclar es separar los residuos según su tipo y depositarlos en el contenedor correspondiente. De esta forma, facilitamos el proceso de recogida y tratamiento de los materiales, y evitamos la contaminación cruzada. Los contenedores más habituales son:
El contenedor amarillo, donde se depositan los envases de plástico, metal y briks. Por ejemplo: botellas, latas, bandejas, aerosoles, tapones, etc.
El contenedor azul, donde se depositan los envases de papel y cartón. Por ejemplo: cajas, periódicos, revistas, folios, etc.
El contenedor verde, donde se depositan los envases de vidrio. Por ejemplo: botellas, tarros, frascos, etc.
El contenedor marrón o el cubo con tapa marrón, donde se depositan los residuos orgánicos o biorresiduos. Por ejemplo: restos de comida, cáscaras de fruta, servilletas usadas, posos de café, etc.
El contenedor gris o el cubo con tapa verde oscuro, donde se depositan los residuos que no se pueden reciclar o que no tienen un contenedor específico. Por ejemplo: pañales, compresas, colillas, chicles, esponjas, etc.
Además de estos contenedores, existen otros puntos de recogida para otros tipos de residuos que requieren un tratamiento especial. Por ejemplo:
Los puntos limpios o ecoparques, donde se pueden llevar los residuos voluminosos o peligrosos que no caben en los contenedores habituales. Por ejemplo: muebles, electrodomésticos, pilas, baterías, aceites usados, pinturas, medicamentos caducados, etc.
Los puntos SIGRE o puntos verdes de las farmacias, donde se pueden llevar los envases vacíos o con restos de medicamentos para su correcta gestión.
Los contenedores específicos para la recogida de ropa usada o textil, que suelen estar gestionados por entidades sociales que se encargan de su reutilización o reciclaje.
2. Limpiarás los envases antes de tirarlos
Es importante que los envases que vayamos a reciclar estén limpios y vacíos antes de depositarlos en el contenedor correspondiente. De esta forma evitamos los malos olores y la proliferación de insectos y microorganismos que puedan afectar a la calidad del material. No es necesario lavarlos a fondo ni usar detergente o agua caliente; basta con retirar los restos de comida o líquido que puedan tener.
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