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16/6/2026 Noticias ambientales

El cambio climático en la práctica de la actividad física y el deporte

Los eventos climáticos extremos ya no son episodios aislados, sino una realidad cada vez más frecuente. El deporte tampoco queda al margen de esa transformación. Desde la cancelación de competiciones hasta la adaptación de infraestructuras, el cambio climático está redefiniendo la organización de eventos y las condiciones del rendimiento deportivo. Noticia e imagen originales: www.ehu.eus.


En la última década hemos sido testigos de cómo los eventos climáticos adversos han transformado nuestra vida cotidiana. Incendios de gran magnitud, inundaciones, temporales con vientos huracanados o episodios de calor extremo han dejado de percibirse como hechos excepcionales para convertirse en fenómenos cada vez más frecuentes. Aquello que en su día parecía anecdótico –como las inundaciones de 1983 en la Comunidad Autónoma Vasca– hoy se recuerda casi como el inicio de una tendencia que se ha ido consolidando con el paso del tiempo.

La comunidad científica lleva años advirtiendo que la recurrencia y la virulencia de esos fenómenos son consecuencia directa del cambio climático causado por la actividad humana. Sus efectos se manifiestan en todos los niveles y, como no podía ser de otra manera, la práctica deportiva no es ajena a esa transformación.

¿Cuándo fue la última vez que escuchamos que un evento deportivo se suspendía por condiciones meteorológicas adversas? ¿O que una prueba dependiente del frío se cancelaba por falta de condiciones adecuadas? Incluso cuestiones que antes formaban parte del paisaje urbano invernal en periodo navideño –como las pistas de hielo “real” instaladas en nuestras ciudades– resultan hoy cada vez menos habituales. Son pequeños indicios de un fenómeno de mayor alcance.

Desde una perspectiva organizativa, el impacto del cambio climático en el deporte es evidente. Los y las responsables de eventos deportivos se ven obligados a cancelar competiciones o a modificar horarios para adaptarse a olas de calor, lluvias intensas o vientos extremos. Pero las consecuencias no afectan únicamente a quienes organizan las pruebas: todo el entramado deportivo (instalaciones, deportistas y público) debe adaptarse a un contexto cambiante.

Si analizamos la práctica deportiva desde el punto de vista de la gestión, podemos distinguir, de manera general, entre actividades al aire libre y actividades en espacios interiores.

Deporte al aire libre: el impacto más visible
Las prácticas deportivas en el exterior son, sin duda, las más expuestas a los efectos del cambio climático. El aumento de la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos adversos obliga a replantear la organización de competiciones y entrenamientos. No es extraño encontrar carreras populares en las que las temperaturas son anómalamente altas (o bajas) para la época del año. Tampoco resultan ya excepcionales las cancelaciones de última hora por condiciones meteorológicas desfavorables, como ocurrió con el maratón de Donostia San Sebastián en 2024. Recientemente se ha publicado un Preprint que sugiere que la organización del mismísimo Tour de Francia tiene que estar preparada para adaptar la competición debido al alto estrés térmico que pueden sufrir los ciclistas y espectadores y espectadoras.


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