39.000 toneladas. Esa es la cantidad de ropa sin vender o usada (procedente de EEUU, Europa y Asia) que llega cada año al desierto de Atacama (Chile), considerado “el basurero textil del mundo occidental”. La acumulación de ropa es tan masiva y espeluznante que imágenes satelitales de alta resolución han confirmado que este cementerio de fast fashion es perfectamente visible desde el espacio. Una realidad preocupante que no parece tener una resolución favorable a corto plazo, pero que con el compromiso de toda la sociedad, puede cambiar.
Estrenar ropa nunca fue tan barato para nuestro bolsillo ni tan caro para el planeta como en estos momentos. El modelo de la “moda rápida” o fast fashion ha transformado un acto cotidiano en una constante carrera de usar y tirar. Bajo el amparo del capitalismo más exacerbado, y al calor de las tendencias efímeras de las redes sociales y los precios irrisorios, los ritmos de producción textil se han duplicado en los últimos quince años, promoviendo una cultura de la obsolescencia que colapsa vertederos, contamina aguas y perjudica recursos naturales a una velocidad sin precedentes.
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