Junto a su esposa y compañera de vida, la arquitecta Lélia Deluiz Wanick, sembró esperanza donde había devastación: decidieron demostrar al mundo lo que puede hacer un pequeño grupo de personas con fe en la madre tierra y en el ser humano.
Reforestaron en en Aimorés, Minas Gerais, Brasil, un bosque devastado de 1.500 acres albergando más de 500 especies de plantas y animales en peligro de extinción basándose en la capacidad que la tierra tiene para regenerarse en las condiciones adecuadas.
La fe mueve montañas, y las repuebla si han sido asediadas y despojadas de sus bosques y sus ecosistemas, porque la creencia de algunas personas en un planeta con pulmones puede conseguir cosas increíbles. Fotografía: Ricaro Beliel
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