Su superficie dibuja una particular forma de media luna, ya que el parque se ha adaptado al contorno del meandro que describe el Urumea.
El espacio está recorrido por un sinuoso camino central que corre paralelo al carril-bici, desde el cual se puede acceder a los diferentes espacios mediante unos llamativos senderos de losas rectangulares. El centro del parque está ocupado por un convento de clausura, Kristobaldegi, en el que las viejas piedras de sus muros contrastan con las modernas instalaciones de las que recientemente se ha dotado. Frente a él se yergue una chopera, cuyos árboles parecen mirar altivos al cercano bosquete de bloques pétreos. Los miradores suspendidos sobre el cauce fluvial permiten contemplar las orillas, donde la influencia mareal no ha impedido la presencia de carrizos, cañaverales y tamarices. Unos magníficos ejemplares de sauce llorón, ciprés y roble atisvan con envidia los activos juegos de la chavalería, mientras que al fondo, junto al caserío Benartegi, un pantalán da acceso al agua a las embarcaciones de remo.