Situado en la margen derecha del río Urumea, entre los puentes de Santa Catalina y María Cristina, es uno de los lugares con más encanto de San Sebastián. Presenta una doble alineación de árboles, en su mayoría fragantes tilos, que flanquean un alargado parterre de hierba sin ninguna composición floral. Espaciados sobre el césped pueden admirarse diferentes elementos ornamentales, como el conjunto escultórico de las Bailarinas Danzantes, las fuentes Wallace de fundición o la columna de hormigón rematada con una esfera, de la que antaño manaban unos chorrillos. Estos jardines, de inequívoco aire francés, permiten descansar en sus numerosos bancos o bien acomodarse en el pretil corrido adosado a la barandilla de hierro.
Frente a la Estación del Norte, el paseo se abre en una plazuela de pavimento de grava en cuyo centro se sitúa una estética fuente de mármol. Apoyada sobre una doble taza circular, muestra una columna central desde la cual cae el agua. El cuerpo principal está ornamentado con guirnaldas de frutas y figuras de niños desnudos.