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11/2/2021 EntrevistasFundación Cristina Enea

Ana Galarraga: \"Hoy en día fomentar los estudios de ciencias entre las mujeres supone mandarlas a los leones\"

El Coronavirus ya ha cumplido un año entre nosotros, y aunque al principio parecía un problema muy lejano, enseguida lo tuvimos aquí, dando un vuelco a nuestras vidas. Toda la sociedad, pero también la comunidad científica, se ha enfrentado desde entonces a un nuevo y desconocido problema sanitario, para dar una respuesta adecuada y rápida.

Aprovechando que hoy se celebra el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en el ámbito de la Ciencia, nos hemos dirigido a la madrina de la agenda de invierno de Fundación Cristina Enea, la comunicadora científica Ana Galarraga. Con ella hemos hablado sobre cómo vivió aquellos primeros días de la pandemia y sobre el papel de la mujer en la ciencia.

Galarraga asegura que en el ámbito de la ciencia la mujer sigue necesitando demostrar el doble que un hombre para poder realizar un recorrido similar. Preguntada sobre la crisis del coronavirus que vivimos, manifiesta que vemos "una dimensión abstracta de esta pandemia, llevada a los números", y que realmente no somos conscientes de qué efecto tiene nuestro comportamiento individual en las personas. Asimismo, ha añadido que si supiéramos cómo viven las personas esta situación, "mostraríamos una empatía mayor que hacia unos meros números".
 

Esta crisis nos ha servido para darnos cuenta de la importancia vital de la ciencia, y precisamente hoy se celebra el Día Internacional de las Mujeres y Niñas en el ámbito de la Ciencia. Todavía hay una brecha evidente en el mundo de la ciencia entre hombres y mujeres. ¿Dónde ves el vacío? ¿En la elección de estudios, en la posibilidad de acceder a los puestos superiores...?
Diría que está a todos los niveles. Para empezar, el propio sistema científico es muy elitista y jerárquico, totalmente tradicional. Es un campo más de la sociedad, pero aunque los cambios en otros ámbitos sociales se han dado más rápido, la universidad y los sistemas de investigación están muy blindados. Es totalmente machista y patriarcal. Yo no soy partidaria de fomentar los estudios de ciencias entre las mujeres. ¿Por qué no? Porque eso supone mandarlas a los leones. Siempre tendrán que demostrar el doble para no llegar a ningún sitio. La realidad es que a una chica a la que le gusta la astrofísica le costará más que a un hombre hacerse un hueco. Antes de eso, antes de enviarla a los leones, este sistema debe hacerse realmente paritario; no sólo para las mujeres, sino para las personas que tienen diversidad funcional o mental, para las que tienen otras elecciones de género, para personas de diferentes etnias y niveles sociales...

Por lo tanto, esa brecha comienza en la elección de los estudios...
Al llegar a la universidad se da la gráfica de las tijeras, sobre todo en los estudios de areas STEM: normalmente las chicas empiezan los estudios un poco más arriba que los chicos, son más, porque sacan mejores notas; al llegar al doctorado las chicas y los chicos se igualan, y en el postdoctorado se cruza y la curva de las chicas empieza a bajar, justo cuando llegan a la edad de ser madres. No tienes ningún tipo de protección. Si estás embarazada o has sido madre, se te interrumpe el recorrido. Si quieres volver más adelante, los hombres tienen más méritos, han publicado investigaciones... y tú no. Porque el sistema no tiene en cuenta eso, no hay sustento real para la mujer. Ahí empieza la brecha. A partir de ahí la jerarquía va cada vez diferenciándose más y más, la gráfica de la tijera es más visible. Si en los primeros años de estudios universitarios los hombres representaban el 45 %, en los puestos superiores jerárquicamente (catedráticos, etc.) alcanzan el 65 %, comparando con las mujeres. Esto ocurre en todas las disciplinas STEM, en algunos casos de manera más acentuada, como en las ciencias duras: física, química, ingeniería, informática, matemáticas... Estos se convierten en campos masculinos. Los ámbitos del cuidado (medicina, enfermería, farmacia, nutrición...) y medio ambiente (biología...) son femeninos, especialmente en los puestos inferiores. Siguen reproduciéndose los estereotipos. Es la propia sociedad la que debe cambiar.

Cuando comenzaste tus estudios, ¿sabías que te estabas lanzando a los leones?
No, de ninguna manera.

¿Tienes alguna chica o mujer referente en el mundo de la ciencia?
Yo tengo mucha suerte porque trabajo en una revista sobre ciencia y tecnología, la revista Elhuyar. Durante todos estos años la revista ha evolucionado y nos hemos obligado a trabajar con perspectiva de género. Uno de los cambios que supuso fue la sección Ekinean, la ventana de las jóvenes investigadoras, porque vimos que estaban totalmente escondidas y nadie les ponía un micrófono. La responsable de esa sección, afortunadamente para mí, soy yo. He aprendido tanto con la sección, he tenido la oportunidad de conocer a gente tan maravillosa, viven con tanta ilusión lo que hacen, viendo cómo afrontan los obstáculos, esas son para mí las verdaderas referentes, porque son las científicas del futuro.

Está a punto de cumplirse un año de la llegada del Coronavirus a nuestras vidas. ¿Cómo recuerdas aquella época como científica? Pensamos que sería unos días de gran incertidumbre...
Sí, recuerdo que a principios de año tuvimos noticias de una neumonía que vivían en la ciudad china de Wuhan. En aquel principio pensaba que era una cuestión muy lejana, un problema que tenían en China. Como se desconocía el origen de aquella neumonía, y por curiosidad propia mía, decidí escribir una noticia en la revista Elhuyar, como un asunto chino, sin saber y sin esperar que se convertiría en una pandemia. Para entonces, sin embargo, es probable que la enfermedad también estuviera fuera de China. En aquella época era un virus desconocido que provocaba una extraña neumonía.

A partir de ahí, secuenciaron el virus y empezamos a prestar más atención. Desde mi punto de vista, la cuestión más interesante era el de los murciélagos; se decía que la enfermedad provenía de los murciélagos, pero faltaba un animal intermedio, que hizo de puente entre los murciélagos y los humanos. En un principio dijeron que había sido una serpiente, pero luego se desmintió. El caso es que, transcurrido un año, no sabemos a ciencia cierta qué animal hizo esa labor de puente.

Ha pasado un año y se han realizado numerosas investigaciones en diferentes áreas y especialidades: para determinar el origen, desarrollar la vacuna, entender la transmisión... La enfermedad ha provocado una enorme revolución y un avance en la ciencia.
Se han realizado investigaciones en todos los aspectos, más que nunca, en diferentes disciplinas: epidemiológica, microbiológica, matemática, física (temas de partículas y aerosoles), ciencias de materiales (sobre las mascarillas). También se están realizando numerosos estudios en tratamientos, sobre todo con dos enfoques. Por un lado, cómo los medicamentos existentes pueden ayudar en este problema y, por otro, creando nuevos fármacos. La creación de nuevos requiere plazos más largos, pero los fármacos que ya existían pueden ayudar mucho porque tienen aceptados muchos pasos, porque en los ensayos clínicos se ha visto que se pueden utilizar en personas y que son seguros. En la primera ola se utilizaron medicamentos sin mucha evidencia, sin saber a ciencia cierta si harían más favor que daño, pero no había otra opción; y, desde entonces, se han ido revisando y ajustando en los ensayos clínicos.

El de las vacunas, por su parte, ha sido uno de los pocos éxitos en esta pandemia, o sindemia. En otros campos no se ha avanzado tanto, en tan poco tiempo. Ha ocurrido al revés, por ejemplo, al generalizar el uso de mascarillas, que ha costado mucho. Todavía no sabemos a ciencia cierta cuánto protegen, qué tipo de mascaras deberíamos utilizar, en algunos países son obligatorias y en otros no... También destaca el caso de los aerosoles, que ha costado mucho asumir que la transmisión se produce a través de estas partículas. La higiene es muy importante, pero se ha visto que tiene menos importancia en la transmisión de la que se pensaba inicialmente. En estas materias ha habido más dudas e incertidumbre que en las vacunas. Lo que se adelantó con los anteriores coronavirus, y tener más desarrollada la tecnología, lo ha facilitado mucho.

Sin embargo, el tema de la vacuna es el que más miedo o desconfianza ha generado en la sociedad...
Hay que tener en cuenta que al vacunarse estás tomando algo que te va a proteger, pero en el momento en que te estás vacunando tú estás bien. No es como una medicina. Si estás enfermo y tienes pocas posibilidades de salir adelante, aceptarás cualquier medicamento. Se administran vacunas cuando estás sano y para protegerte de un posible riesgo. Debes creer que ese riesgo es mayor que los efectos secundarios que te causará una vacuna.

Los fármacos y las vacunas se toman en tesituras muy diferentes. Puede ser comprensible el miedo, pero hay que entender bien que si una persona se contagia, y desarrolla la enfermedad, hay un peligro real de muerte. Si te infectas y te enfermas tienes un 2 % de probabilidad de morir, dependiendo de diferentes condiciones, claro. El peligro es terrible porque todavía no sabemos muchas cosas. Por ejemplo, no sabemos cómo responderá cada persona a la enfermedad. Ese es uno de los problemas que tienen en los hospitales. La gente llega con síntomas y realmente no sabes qué evolución va a tener ni cómo tiene que ser el tratamiento. Se sigue investigando y ahora ya se puede hacer el diagnóstico, y saber quién va a tener complicaciones del aparato respiratorio, quién va a tener problemas de sangre y de corazón, o a quién le van a quedar las consecuencias de la Covid19 persistente. No olvidemos que estos últimos son el 10 % de los que enferman. Esta gente todavía no puede hacer una vida normal, aunque hayan pasado varios meses.

El abanico es muy amplio, pero la vacuna te protege de todo eso. Además, se ha observado que la vacuna no tiene efectos secundarios graves, salvo los que puede tener cualquier fármaco, en la misma proporción. Si se pone en una balanza, está claro que vacunarse ofrece más beneficio que no tomarla. Sin embargo, esto sería sólo a nivel individual. A nivel general, si se vacunan todoas las personas, o al menos el 70 % de la población, se le cierran las puertas al virus. Y eso es lo que hay que conseguir. Se ha visto que la estrategia de convivir con el virus no funciona.

Entre tanta información sobre el coronavirus de los últimos meses, a la población le ha llegado una gran cantidad de informaciones falsas y contradictorias...
En estas situaciones se difunde mucha información falsa y es imprescindible saber quién es la fuente. Se ha visto que detrás de numerosas informaciones falsas hay movimientos de extrema derecha, intereses económicos, etc.

Es importante entender cómo funciona la ciencia. Las personas que nos dedicamos al periodismo y a la ciencia hemos dado quizá información contradictoria. Pero es normal. Porque al principio es posible que conozcas parte de la realidad, y a medida que vas investigando completas la información y tienes que rechazar algunas de las informaciones aportadas inicialmente. Al principio no estaba clara la eficacia del uso de la mascarilla, por ejemplo, y se esperó a las evidencias para tomar medidas. Normalmente, se acepta el principio de prudencia: por si acaso, mejor tomar medidas. Pero si estás pidiendo medidas muy invasivas, que limitan la libertad de la gente y hacen cambiar su estilo de vida, necesitas razones muy sólidas y evidencias muy potentes.

Los titulares de las informaciones científicas no suelen ser muy llamativos porque actuamos con prudencia, lo que no se corresponde con los sistemas de información actuales y con nuestra sociedad. Pero en realidad debería ser así.

¿Ha echado algo de menos en la gestión de esta pandemia?
Sí. El peso de personas expertas en ciencias del comportamiento. Dar consejos de comunicación a los gobiernos, diciendo cómo orientar la información y las medidas... La gestión debería ser multidisciplinar. Para comunicar qué medidas establecer, cómo debe ser la aplicación y todo eso las personas expertas en ciencias de los comportamientos son imprescindibles. Y también personas expertas en ética y derecho. Porque creo que los límites de estos recortes brutales de derechos no se han definido. Por ejemplo, la medida de no salir de las ciudades hay que justificarla muy bien y yo no veo justificación. No sé por qué no puedo salir del municipio si hay un nivel de incidencia similar en todas partes. Si puedo ir a trabajar al municipio de al lado, ¿por qué no puedo ir a Aralar, sola?

¿Crees que en lugar de establecer medidas más estrictas o flexibles, se debería trabajar la conciencia de la gente?
Yo creo que sí. Siempre tienes que razonar y uno tiene que valorar su comportamiento. Quizá no sea buena idea juntarse con cuatro personas de otros municipios e ir a Vitoria a pasar el día. Pero quizá sea una buena idea ir aún más lejos, a los Pirineos, si voy sola o con la persona que conviva, y no vamos a estar en contacto con nadie más. Si la gente entiende la situación y actúa en consecuencia, no es necesario establecer medidas drásticas de la misma. ¿Dónde está el riesgo de la movilidad? Que nos ponemos en contacto con gente de otros lugares y eso ayuda a propagar el virus. Si entendemos el núcleo del problema igual podemos poner medidas nosotros mismos.

Sin embargo, la irresponsabilidad de unas pocas personas conlleva medidas impuestas a toda la sociedad...
Estamos viendo un aspecto muy deshumanizado en esta crisis, no vemos la dimensión humana. En lugar de escuchar a diario los datos de las personas infectadas, deberíamos fijarnos en los y las profesionales sanitarias. No sabemos cuál es la situación de los hospitales, dejando de lado los números de las personas fallecidas. Veo a muchos profesionales de la sanidad desesperados, los que han perdido a sus familiares son incapaces de hacer un duelo digno... Si supiéramos cómo viven las personas esta situación, yo creo que mostraríamos más empatía que a unos números. Vemos la dimensión abstracta de esta pandemia, llevada a las cifras, pero realmente no somos conscientes de qué efecto tiene nuestra conducta individual. No de todas las personas, claro, pero a mucha gente no les queda otro remedio. Lo de la mascarilla, por ejemplo, hay que comprarlos y yo creo que deberían ser gratuitos. O si tienes que estar aislada 10 días, y tus derechos laborales son insignificantes, ya me dirás cómo podrás hacerlo. Esas situaciones a nivel individual realmente no dependen de ti.

¿Y cómo debería actuar la ciudadanía cuando los mensajes que envían las autoridades políticas y la comunidad sanitaria son totalmente opuestos?
A mí las autoridades me dicen que en la autopista puedo ir a 120 km/h, pero si está nevando, mi responsabilidad me dirá que no conviene conducir a esa velocidad. Tengo derecho, pero puedo decidir actuar con responsabilidad. Trayendo el ejemplo a esta situación, si en Navidad los políticos dicen que se pueden reunir gruopos de hasta 10 personas en los domicilios, o que los bares van a estar abiertos, yo puedo decidir tomar medidas más restrictivas de lo que me corresponde, por responsabilidad. Es cultural. En algunos países las medidas son más fáciles de aceptar y en otros no.