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15/7/2020 Noticias ambientales

La capacidad de resiliencia del caserío de Aizarna durante siglos

Aizarna es un pueblo de unos 200 habitantes. Se localiza al norte de Gipuzkoa, cerca de la costa, dentro de una pequeña depresión kárstica. Su paisaje está formado por un mosaico diversificado típico del País Vasco atlántico, intercalando caseríos, campos de cultivo, pastizales y montañas. Desde 2016, el grupo de investigación en Patrimonio y Paisajes Culturales de la Universidad del País Vasco ha desarrollado un proyecto de estudio de la historia a largo plazo del paisaje local en el que ha podido documentar casi 2.000 años de historia.

Un núcleo de vida romano
La primera sorpresa la trajo la excavación arqueológica realizada en el jardín de la casa Erretore, muy cerca de la iglesia parroquial. Allí, a un metro y medio de profundidad, aparecieron varias vigas de grandes dimensiones, totalmente calcinadas; el terreno circundante también aparecía enrojecido por el fuego. Las vigas eran de madera de roble y mostraban también marcas constructivas. Eran restos de una estructura arquitectónica, probablemente de una casa; dataciones por radiocarbono situó su quema en el siglo I. Esta fecha coincide con varios fragmentos de cerámica encontrados en la excavación, que muestran moldes típicos de la época romana.

El de la casa Erretore no es el primer vestigio de la Antigüedad que se ha encontrado en la región. En la cueva de Amalda, por ejemplo, aparecieron monedas del siglo I AC, y se sabe que los puertos de Zarautz y Getaria estaban en funcionamiento en aquella época. Sin embargo, el hallazgo de Aizarna tiene especial interés, ya que sugiere que este tipo de registros pueden ser habituales bajo las poblaciones actuales. Teniendo en cuenta que en la vertiente atlántica del País Vasco los yacimientos arqueológicos rurales son muy escasos, podría plantearse, por tanto, que muchos pueblos y barrios que hasta ahora se han mantenido "sin historia" pueden tener raíces antiguas.

Registros de tierras, archivo de la agricultura pasada
La evolución histórica del paisaje de Aizarna ha estado condicionada sobre todo por la agricultura. Basta pasear por el pueblo para darse cuenta de que la topografía original está totalmente transformada. Para generar superficies planas, reducir la erosión y facilitar la circulación de las aguas, los campos aparecen acondicionados con muros, trincheras y rellenos. Los sondeos geoarqueológicos realizados en distintos puntos de la localidad han demostrado que los registros de tierras recogidos en estos rellenos constituyen un rico archivo de actividades pasadas, demostrando que el paisaje actual es fruto de una larga historia.

La vega lateral del caserío Aranguren, por ejemplo, tiene un relleno de dos metros. En su interior se pueden distinguir varias capas, testigos de diferentes fases históricas. La más profunda, y por tanto la más antigua, está situada sobre suelo "natural"; aunque está formada por minerales arcillosos similares al sedimento original, las características físico-químicas de esta capa sugieren que sufrió altas temperaturas. En consecuencia, puede creerse que las laderas circundantes se deforestaron mediante el fuego, para luego utilizar la tierra enriquecida con cenizas como relleno del campo.

La datación por radiocarbono ha situado estas operaciones hacia el siglo V o VI, pero parece que el suelo creado a través de ellas fue cultivado durante varios siglos. Por un lado, la concentración de materia orgánica aumenta en la superficie de la capa debido a la fertilización, y por otro, las propiedades magnéticas de la tierra indican que el uso del fuego fue habitual en su gestión. Es posible que después de haber cultivado el campo durante varios años, lo dejasen en barbecho, para luego quemar las zarzas que allí se criaron y renovar su fertilidad con sus cenizas. El paisaje rural de Aizarna tiene, por tanto, sus raíces en este ciclo de cultivo codificado en los albores de la Edad Media.

La situación cambió radicalmente en el siglo XIV, cuando una inundación destruyó el campo de Aranguren. La superficie del relleno colocado varios siglos antes fue cubierta por una capa de gravilla aportada por el agua, obstaculizando el cultivo. Hay que tener en cuenta que en aquella época comenzó la Pequeña Edad de Hielo, que trajo a toda Europa la inestabilidad climática y, por tanto, la crisis económica y social. También en el País Vasco, las guerras de bandos entre los señores muestran el ambiente confuso que se impuso en aquella época, que data de 1383, cuando los habitantes de Aizarna pidieron al rey de Castilla que construyera la villa de Zestoa, alegando que sufrían "la violencia de los caballeros de la zona", lo que les causaba graves daños.


Artículo original publicada en la web de la revista Argia. Continúa leyendo la noticia aquí [eu].