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8/1/2019 Noticias ambientales

El ermitaño que sin querer registró 40 años de cambio climático

Billy Barr lo dejó todo en 1973 para irse a vivir a una choza abandonada en Gothic Mountain, en la cordillera Elk del estado de Colorado, en el corazón de Estados Unidos. Lo hizo porque en la ciudad se estaba sintiendo "más y más deprimido", según cuenta en una reciente entrevista con The Atlantic.

Allí, en su retiro de montaña, Barr empezó cada día a registrar los niveles de nieve, las huellas de los animales y la fecha en que el canto de los primeros pájaros le avisaba del regreso de la primavera. Tomaba nota en su cuaderno. "A la luz del queroseno no se podía hacer mucho más". Con el tiempo, la nieve se fue derritiendo cada vez más tarde. Algo estaba pasando. Pero, "¡demonios, no!", dice Barr. "Entonces no tenía ni idea de lo que era el cambio climático".

Aquellos cuadernos, de manera involuntaria, se han convertido en un tesoro para la ciencia. El documental The Snow Guardian, dentro de la serie End of snow, cuenta cómo.

El ermitaño, que antes de escapar a la montaña estudió ciencias ambientales durante un año, empezó a trabajar en verano lavando platos en la cocina de un centro de investigación que le pillaba cerca. Se trataba del RMBL (Rocky Mountain Biological Laboratory), centro de referencia en fenología, o lo que es lo mismo, el estudio de cómo los factores climáticos impactan en los ciclos de los seres vivos.

Pasados unos meses, a Barr lo hicieron vigilante del laboratorio, de esos que lo mismo te sirve para un roto que para un descosido. Y luego fue el contable del centro, aunque seguía apuntando los niveles de nieve.

Con el tiempo, Barr se acabó haciendo amigo de David Inouye, uno de los investigadores con más experiencia del centro, responsable de una importante investigación sobre las flores salvajes. El mismo 1973 en que Barr se echó al monte, Inouye realizó un importante estudio sobre las flores. Midiendo cuándo y cómo florecían, pretendía establecer correlaciones con la vida de los insectos y los pájaros que se alimentaban de ellas.

Aunque se conocían desde hacía tiempo, Inouye tan sólo supo del cuaderno de Barr a finales de los 90 en una charla cualquiera que ninguno de los dos recuerda. Como también tomó notas sobre la aparición de los animales que llegaban de invernar y de los primeros cantos de pájaros como el colibrí, sus apuntes se tornaron fundamentales.

Gracias a ellos, se sabe que el lirio glaciar florece hoy 17 días después de lo que lo hacía hace 40 años. Los colibrís llegan sincronizados a Gothic Mountain unos días antes del florecimiento del lirio y se teme que dentro de dos décadas el pájaro deje de asomarse por esos lares. El fenómeno es aplicable a otros muchos entornos alpinos.

Los estudios del ermitaño han sido usados en decenas de artículos científicos sobre fenología y sobre el cambio climático. 

 

 

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